Saturday, May 07, 2011



Testamento

Desde el vitral humedecido de las hojas respiras -vas cayendo sobre mí en la policromía del despojo -un dolor que nos hace mejor y más bellos -los insectos que se aparean más allá de los peregrinos -tu tatuaje esperando -Manuel -tu morada -Manuel tantas veces hollado -escupido -Manuel que perdonas los azotes con luz -los muchachos de tu ciudad hacen bien en lucir los pantalones lavados con la corona de un hombre -los muchachos de tu ciudad no recitan los versos de Vicente Alexaindre porque los caballos son naipes y el casco otra luna que protege sus frentes -los muchachos de tu ciudad se aglomeran en los cines para ver una bacteria que se traga a un polluelo y después en las discotecas y después en los edificios y después aún dormidos sobre las mesas de sus madres ven nacer una luciérnaga que desecha su nombre -no redimas a los muchachos que no apagan la luz sobre las frazadas terrestres -no redimas a los chiquillos que se metan en los automóviles para encontrar su vocal -no perdones a los jovenzuelos que se pierdan en las sinagogas -en las mezquitas -en las catedrales -para raspar los candelabros con una lata de cerveza -porque está escrito que de ellos será el repudio de la Gerusía -los dueños del espectáculo -los prestidigitadores públicos -los concejales que mastican su pepita de oro -la peluca de marta de la anciana pudiente -los muchachos de plástico que extienden una antena y capturan una imagen para poder soñar -te miro desde el vitral humedecido de las hojas -un perdón que me nace más allá de los pájaros -el día que desnuda su primera sonrisa después de estos meses de aserrín y de cieno -así puedo enternecer y sacarme las crisálidas más allá de estos párpados -así puedo pronunciarte a través de la música golpeando con mi pluma la lentitud de las nubes -ve su boca entreabierta -la adivinanza de los escolares que colgarán sus abrigos porque en ellos ya empieza a brotar el vapor -los escolares de aquí no recitan a Alexaindre -son igualmente hermosos mientras mi padre respira -los escolares de aquí llevan pan en sus bolsos y después de las lluvias no le temen al barro -se perderán en los aserraderos para escribirle acrósticos a las niñas que puedan trepar a los árboles -yo te digo Manuel que cuando aún no existías no importaba que las nubes asemejaran a letras -yo podía inventar un alfabeto de grises y mi clave secreta se llamaba volar -yo hoy día te nombro con mi clave de vientos y te miro desde el vitral humedecido de las hojas -el amor descompuesto en un espectro definitivo -el amor recomponiendo lo que la hoguera se coma -yo soy el guardabosques que colecciona las ramas desprendidas de los alerces -son los niños alerces -mi ciudad son alerces -yo me quedo despierto entre telarañas de plata porque sé que colgaré de la telaraña del día -yo soy el guardabosques que escribe sus palabras en un diario del fieltro -yo soy el que espanta los roedores de la alacena -yo entro como rata a atracar tu recuerdo y te dejo un haikú y un puñado de moscas -mis amigos que viajan de una muerte hacia otra me preguntan por ti como si fueran tijeras -y yo no puedo afirmarme -el dolor es vacío -un limón que me cosen al ojo derecho -no podría sangrar mientras tu letra me salve -yo podría sangrar en el poema de mis amigos -ellos sólo prefieren desnudar las vocales -los tetradracmas del frío -los epigramas del miedo -sumirse en los mitos que me sumen y sumo -yo busco ese logos -una especie de origen que pretenda explicarnos -una gota de tinta -una miniatura dorada -un versículo inocuo en la Biblia de mis amigos -la bondad de mis amigos que me encienden la luz -la maldad de mis amigos que envejecen con azufre -el vitral que te inmola -yo me quedo enredado en los poemas que leo y me siento culpable por incluirlos en mi poema -yo me quedo enredado con poemas invisibles y en mi poema aparecen porque así lo reclaman -yo me quedo enredado en el poema de tu nombre -Manuel -de tu casa -Manuel -de tu pecho -te sube como un barco y yo no puedo escribir mientras las leche se queme -no puedo escribir si me encuentro sangrando -no puedo escribir sin matar a un insecto -tu poder me sobrecoge y las gotas no sirven para ocultar este verbo -Manuel -este bosque -Manuel -su espesura.


--------------------

Pd. Del inédito del año 2000, El guardabosques

(Ya había hecho un post con este mismo poema, hace 6 años atrás; pero hoy lo recuerdo en vista y considerando que Manuel se presenta para candidato de alcalde de Manises, y con la objetividad que puedo tener al respecto, muy poca, solo puedo decir que lo amo, que "tu alternativa" es de "trabajo, honradez e igualdad". Y quien lo conoce sabe que es cierto. Mucha suerte, cielo)

Tuesday, April 12, 2011


Un poema de Eunice Odio

Epígrafe

I
Tu mano en que desdoblan ruiseñores
su pálido desnudo,
su ancho pecho de musgo coronado,
es mano que abre al viento reclinado
claro jazmín entre la sien oscura.

Sí, deshojada el agua entre la frente,
labra pequeña placidez de lirio
y entre los dedos gajos de violines.

II
Tiende el oído y óyeme esta canción
que es como semilla de estaciones.

Que es como la casa de verano
donde me crece de la mano un niño,
y el alma da empujones a la orilla,
y es como piel el alma -no se siente.

Entraremos de pronto en el verano como árboles
vegetalmente abiertos de oídos y de polvo,

Porque todo refluye hacia el arribo,
asciende el vientre a capital de fruto
y el aire hacia ecuación de golondrina.

¡Brotes sacramentales de la hierba,
oh, dádivas subiendo de la entraña,
suma de transitados alimentos!

Y a la altura del pecho y la labranza
semilla de silencio y luz desierta.

Todo regresa hasta su forma exacta.
La vida retoma su ambición pequeña
de ser, del todo, vegetal profundo,
recóndito edificio y luz abierta.

____

Pd. Más información aquí.


Monday, March 14, 2011


corazón, cabeza & mano

Lucebert

(versión de Francisco Carrasquer)


corazón que no debe ser duro
corazón que no puede ser duro
la cabeza hortelano del corazón
un vergel lleno de escombros
pero con un sol

y las manos se extienden a la luna
introducen en el día una flor
con espinas contra la piel nocturna
que desdibuja la faz de toda fruta

la cara que es casa que es hogar
unas orillas frías de fulgor
un rostro-de-hombres-y-mujeres
trasoñada por sangres afligidas

contra por contra la quimera del oro
grande como una nube en una garrapata
y la corrupción del sermón rabilatigueante
salido de los labios con rocío de humildad

tome el que quiera a la vida
a quien la vide no tome
toma mi canto como a tu corazón
toma como tu mano mi cabeza
sea tu mano la semilla rebelde
tu corazón la faz de la tierra.


____

Para saber más de Lucebert pinchar arriba en su nombre.

Sunday, March 06, 2011


Poemas del ahogado

Es un cascabel al interior de un reducto, nuez que encierra el hábitat de un gusano, este dolor, esta cabeza agujereada por la pluma de un calígrafo. Esta cabeza ha perdido todo índice de gravedad. Va sola por la calle, tosiendo, sus fosas nasales abiertas para que entren gorriones, los hámster escapados de sus jaulas. Cabeza rodante, que te llevan los niños, dándote con la vara para que gires más.

///

Había una vez un dolor. Había y no había, y en el juego de las faltas creció, hizo mella y volvió a crecer, el dolor hizo casa, enceró el piso, abrió las ventanas para que se ventile, se aparecieron fantasmas, niños perdidos para siempre en la despensa. Este dolor buscó causa en su agujero, vacío decorado con ventanas húmedas, bordes musgosos, moscas que se ahogan. Mira, dice el dolor, mira, mira, esos bichos son mis primos extraviados, metieron su mano en el tarro, galletas no habían, era una boca, los atrapó. Y por eso este quejido, ir llorando con unas pequeñas lámparas puestas, zapatillas de levantar con una brasa al interior, allí se llama y nadie es capaz de nombrar. Y el dolor sí que dice, se ríe allí, y nombra.

///

No es cierto que lo entiendas. Cuando te meten un cristal, un ojo de muñeca de porcelana antigua, algo capaz de quebrarse y hacer daño, dispersión de daño, mosaico ilegible de caleidoscopio, el sonido de esta palabra verdaderamente físico, una bacteria machacada con una ramita de cilantro, crujes como gramática, no lo sabes, no puedes saber qué se siente cuando auscultan y los latidos traicionan, el pulmón se atreve a denunciarte, la poesía se enquista y los cuervos de la ventana callan, solo es persistente la mandolina, la lija, algo que tu raciocinio instala en el dolor. Pero que no lo es. Baúles abren su boca y se tragan toda posibilidad de retorno, cajas como tú, cajas dentro de cajas incapaces de concebirse sino restan oxígeno, si la máquina te acusa su cercanía. Abre la muñeca, en su interior otra y otra, así hasta que las ventanas estallen, las enfermeras corran a taparlas con lienzos, como una declaración de paz. Pero que no lo es. Esto no es paz. Esto es lo más parecido a una víspera, algo amistoso, un cuervo anidando en tu diafragma, su peso, sus patas haciendo herida, objetos azules que recolecta aquí, allá.

///

No se dice. No se escribe. A punto de morir, hay algo que se eleva, no digo alma, no digo dios ni inmortalidad, algo como un fosfato, regresar al elemento, a ser la misma piedra que te golpeó.

///

No se disimula ese cangrejo, esa tenaza gorda, cortando, abriendo una puerta del tamaño de una ardilla, para que entren y salgan también las más diminutas abejas, tábanos con un petardo enterrado en el culo. No fuimos capaces de resistir su picadura. Sí de esa malicia. Aunque todo está adentro en un reducto parecido a un panal donde no hay abejas, ni tábanos ni ardillas que compartan vecindario, nada de eso. Hay una orilla, adentro de la cabeza hay una orilla donde se entierran y desentierran cangrejos, donde la mano gorda del cangrejo hace señas para simular que es náufrago, Pero es cangrejo. No lo salva nadie. No salva a nadie. Y come sal.

///

En la sien las imágenes de lo real. Un pino, en su apoyo el chiquero de un cerdo, una madre tomando sol sobre una caja. Cosas como un metrónomo. Un ritmo ajustado a ti, al mismo compás de tu pulmón, cuando huyes debajo de la cama, donde apenas te alcanza la escoba por haber roto qué, en qué condiciones, a qué edad, y quién diría que la muerte, al final, el castigo mientras cuentas ramitas, y escondes hojas del manzano, tu padre acercándose para ser el primero. El golpe.

///

La negación se te ofrece madura, caramelo y manzana con un palo para que la tomes y des voz al sortilegio. Esa joya te pule a su vez cuando la miras. Pero no, nada te da forma, no existe negación que formule un supuesto, mirar sobre la cama donde ardes, rezas esperando una espina que se te clave, un palo, rojo, caramelizado, la misma manzana, tu memoria mordiendo oscura, dientes blancos, dientes trasparentes, sudor, lluvia, sonido del zinc cuando golpea el techo.

///

Huir del miedo, la costra que decanta, mirar simple, ventanal, balcón, trompetas de fiesta, estallan petardos, el sonido te inocula, la enfermedad se hace táctil, atmósfera cortada con un cuchillo de pan.

____



Pd. Inéditos. Dibujo mío hecho con tinta,

Saturday, February 26, 2011


Del tiempo largo

Fina García Marruz


A veces, en raros
instantes, se abre, talud
real y enorme, el tiempo
transcurrido.
Y no es entonces
breve el tiempo. Como el pájaro
al elevarse abarca con sus alas
un diminuto pueblo o costerío,
la inmensidad de lo vivido arrecia,
y se mira remoto el ayer próximo,
en que el pico ávido bajaba
en busca de alimento.
¡Qué eternidad
de soles ya vividos! ¡Y qué completa
ausencia de nostalgia! Para crecer
se vive. Para nacer de nuevo
y rehacer la mala copia original.
Para crecer, se sufre. No se quiere
volver atrás, ni tan siquiera al tiempo
rumoreante de la juventud.
Que no para que el rostro
luzca lozano y terso se ha vivido.
No para atraer por siempre con el fuego
de la mirada, no con el alma en vilo,
por siempre se ha de estar.
De cierto modo
la juventud es también como una cierta
decrepitud: un ser informe,
larva, debatíase, qué peligrosamente
amenazado. Se vivió. se salió,
quién sabe cómo, del hueco,
de la trampa:
valió el otro
del bosque de la vida, el pleno encanto
de los claros del sol entre lo umbrío
para pagar su precio: lo tanto
costó poco; poco el sufrir inmenso
para esta dádiva: al rostro
orne la arruga como el pecho la cinta coloreada
de un guerrero
o como al niño la medalla premia
por la humilde labor.
Como el avaro
el peso de un tesoro, encorva
la espalda anciana el peso
del vivir.
Mas ya, arriba,
a la salida, ya, se mira
hacia atrás sonriendo, renacido,
como agrietada cáscara el polluelo,
ya se van desligando las amarras,
del extraño navío, y como novio trémulo
locamente lo incierto hace señales.

Costó dolor, muerte costó, la vida.
Y al tiempo, breve o largo, siempre corto,
como el relámpago del amor, se le mira
ya sin recelo ni amargura
como a las heridas de la mano, en el arduo
aprender de su oficio,
contempla el aprendiz.

Bella es toda partida.

______

Para saber más de esta poeta pincha aquí.

Thursday, February 17, 2011


1

Los chicos –súcubos, lamiendo, hincados, un plato de leche–

ponen nombre –la filia–, producen gemas, tamaño de lágrimas,

chicas de lamé, chicos de chiffon, tul bordado con pirañas,

escamas de pómez –raspan piel–, psoriasis, ojos

rojos de conejo, muchachos albinos emitiendo luz –serios, lustran

una estatua de Démeter–, ciudad roída, polilla en la boca,

líquido de labios –¿prepucios?, ¿precipicios?–, orina, perdónales:

embudos de plástico que te traen toda, tubos quirúrgicos,

anestesia –sin cabida– aquí, dolor, tijeras, corte:

la arcada es resquicio: allí expira la voz. Los chicos –manos–

países rotos, columnas de débito, crédito sin fondo,

matraz, ácido, formalina y bálsamo, espejo de otro.

Transformadores de electricidad, circuitos cortados,

la oscuridad: baba, bilis: sí. Dicen sí los chicos,

la sopa de sus cuerpos. Chicas aprietan

un tubo celeste de pasta dental. La vía láctea, alicate

cortando un pezón. Vía láctea, prótesis, tridente, tres

palabras, beso, intestino, sagrario.


Los chicos, pan en sus tostadoras. Los amiguitos

aspiran neoprén –condones, como de aire, flores simples

de papel burbuja– pulmones transparentes de ángeles.

La moneda del mar, ¿se transa sola? Ese plástico te conoce.

Te confina al glaciar, el refrigerador, frío dentado, cubos

congelados de suero, algo que se enconstra en el poema.

La bragueta, una medialuna partida por Freud. La ciudad –Freud–

es otro y otro. La bipartición simple –filosofía–, el estolón,

el espolón, el diálogo. El teléfono vibra. Llamada de otro mundo.

Un mudo te extiende: lengua o qué: mapa, cuerpo

para acupuntura, porno escaso de las motas de polvo.

Los ácaros se reproducen. Comen piel muerta. Chicos

participan del hartazgo. Arneses y correas: insectario

confundido con pecera: la polilla disfrazada

imita al búho, anteojos de físico. Hay muchachitas:

les encanta el olor de los lápices fluorescentes,

las esporas de helechos, el rollo de los faxes:

soldados perdidos en la leyenda de Ícaro

–tragan alcohol de las salas de autopsia, el barro donde muere

alguien, la invisibilidad de sus dientes–, desaparecido

en el descampado, el asesino y su ternura,

bacterias besándonos como otro sol.

2

Es verdad la nomenclatura, tabla periódica de donde sale azufre,

lija y laja (raspa los talones) la tina –4 patas–

semi desconchada: alguna vez se sumergió una diva

bajo espuma, jazz, el chubidú-chubiduá, sex-shop:

dildo rosa, cuchara de palo para revolver puré,

delantal con la cara de Monalissa, látigos de cuero, taparrabos,

abrir higos por el centro, boca, sonrisa de payaso. Es verdad:

el silencio ata, huye la salamanquesa, bebes idéntica

jarra que ella, te da alopecia, se te hace carie, la muela del juicio

excreta olor de bosque, tronco podrido

donde crece moho.


Entonces vienes tú, tu rabia, tu gordura –es arena–: allí

emergerán tortugas para irse al mar. Tu maldad es mar. Alimenta

el futuro. El horizonte, afiche de turismo. Un afiche

que enseña oleaje. Las tortugas de la orilla emergiendo

(las gaviotas intentan comérselas). Ellos

nos oyen, pegados, secretos al otro lado. La pared.

Los pulgones no tocan el jazmín, la buganvilla. El ficus

no sobrevivió al hielo. Las goteras. La calle

es arena –la que hincha tu tripa–, como si niños hubieran

levantado un castillo, y lo pisaran. Sostenerse

en el placer: destruir. Los pies.

La edificación que soñamos. Turismo,

gafas de sol –nos echan lubricante–,

felación a la sombra, luz,

aceite de oliva, bronceador

al entrar a un horno,

pequeños saltitos

en la superficie del sartén.

Mientras llueve.

Mientras llueve y en las islas

–parecidas a nosotros, mitad de la urbe–

a las orillas de ellas,

desde el interior de sus bosques,

acuden cangrejos.

Es verdad la nomenclatura de sus corazas,

abiertos nenúfares, entre ola y ola

arrojando sus huevas.

El temblor

que les antecede.


_______________

Poemas míos de Muchachos Cayendo de las Nubes, inédito.